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Monografia: La Vida Después De La Muerte

viernes, 10 de julio de 2009
Bueno después de mucho leer, mucho investigar y mucho esforzarce, ya cada cual esta terminando su propia monografía y esta es la mía: sobre la vida después de la muerte principalmente visto desde el punto de vista de mitologías (la nórdica, egipcia y griega), religiones (la católica y budista) y ciencia (NDEs, OBEs). Yo compartiré mi trabajo al mundo al publicarlo en internet pues pienso que tanta informacion no sirve si se la queda uno mismo (y quizas, por eso el hecho de tener un blog).
A continuación, les presento mi monografía:

El juicio final.

jueves, 25 de junio de 2009

El juicio final suele confundirse con el juicio particular que cada uno tiene inmediatamente después de morir. Sin embargo, este juicio, como su nombre mismo sugiere, no sucede al morir, sino en el final de los tiempos, en la segunda venida de Cristo.
El juicio final consiste de, en primera instancia, la resucitación de los muertos. Después sucederá la llamada “parusía” o segunda venida de Cristo. En este, Cristo descenderá de los cielos mostrándose como es: Hijo de Dios, en su inmensa gloria y estará acompañado de ángeles que tocarán sus trompetas y llamarán a los elegidos de los cuatro puntos cardinales. Entonces será cuando se llevará acabo el juicio final. “Él separara los unos de los otros como el pastor separa a ovejas de las cabras” . Unos serán llevados a la gloria eterna y los otros al eterno sufrimiento.
Este juicio será público y se conocerán las buenas y malas acciones y las omisiones de cada uno. También se conocerán las respuestas a ciertos misterios de la fe católica como porqué Dios permite tanta maldad, conoceremos el fin último de la creación y “comprenderemos los caminos admirables por los que Su Providencia habrá conducido todas las cosas a su fin último” .
Si bien es cierto que este hecho será precedido por angustia como nunca antes, al final será, para los creyentes y los que sigan la voluntad del Señor, el momento cumbre de su fe, el más esplendoroso y el que marcará la historia de la humanidad por siempre.

La esperanza de los cielos nuevos y la tierra nueva.


Como fin último de toda la fe cristiana, se encuentra la esperanza de los cielos nuevos y la tierra nueva: “después del juicio final, los justos reinarán para siempre con Cristo, glorificados en cuerpo y alma, y el mismo universo será renovado” .
En esta frase se dan algunas de las características de este nuevo lugar. Según la escatología cristiana, todo será renovado: la humanidad y el universo, y viviremos con Cristo. En este mundo “perfecto”, también nombrada como “la nueva Jerusalén”, Dios vivirá con los hombres "y enjugará toda lágrima de sus ojos (de los hombres), y no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado" (Ap 21, 4;cf. 21, 27). Como se muestra, no habrá lugar para el pecado, reinará la justicia y la paz y todos los justos serán glorificados en cuerpo y alma.
Esta renovación del universo material y de la humanidad, significará que el Reino de Dios ha llegado a su plenitud y en ésta, Dios será "todo en todos" (1 Co 15, 28 ). Esta visión genera entre los creyentes una inmensa esperanza, la de “ser liberados de la servidumbre de la corrupción” .

El cielo.


El cielo es “el fin último y la realización de las aspiraciones más profundas del hombre, el estado supremo y definitivo de dicha” . Esta frase denota con mucho vigor cuán importante es para todos los cristianos llegar por fin a la gloria del cielo.
Sin embargo, a este lugar de éxtasis, gracia y felicidad eterna solo llegarán aquellos que hayan obrado en la tierra según la voluntad de Dios y “los que mueren en la gracia y la amistad de Dios y están perfectamente purificados” .
Este es el plan de Dios, Él nos creó para que volvamos a Él, pero también nos dio la opción de elegir, la libertad de creer o no creer, vivir correctamente o no. Este es su plan y es también la realización de nuestros mayores deseos.
El cielo ha sido descrito numerosas veces a lo largo del tiempo, según diferentes interpretaciones personales como la de Dante Alighieri en su obra “La Divina Comedia”. También ha sido retratado por varios pintores como en el fresco de Miguel Ángel, “El Juicio Final”. Estas ideas han influenciado en todos los hombres, por poseer además de su imaginación, cierta [concordancia] [relación] con lo que dice la Biblia como consecuencia de estas influencias, se han llegado a estereotipar un poco la apariencia del cielo llegándose a pensar popularmente que es un lugar que está sobre las nubes lleno de ángeles blancos y en un cielo celeste.

El infierno.


El infierno es una de las cosas últimas de la escatología cristiana. El Catecismo de la Iglesia católica lo define como el “estado de autoexclusión definitiva de la comunión con Dios” que se da al “morir en pecado mortal sin estar arrepentidos ni acoger el amor misericordioso de Dios, lo que significa estar separados eternamente de Él para siempre por nuestra propia y libre elección” .
Sin embargo, “Dios no predestina a nadie a ir al infierno, para que eso suceda es necesaria una aversión voluntaria a Dios (un pecado mortal), y persistir en él hasta el final” . La Iglesia y religiosos fundamentalistas han usado el miedo hacia el infierno para convertir a las personas, pero actualmente esto es algo que la iglesia condena.
Las almas que descienden al infierno sufren eternamente diferentes penas, pero sin duda la principal es la separación eterna de Dios. A parte de esto, la Biblia dice que es “más que un lugar, es un estado de odio y de angustia” y nos da algunas imágenes fuertes como el “crujir de los dientes”, el “tormento de fuego inextinguible”, “las tinieblas y el llanto” y el hecho de no tener esperanza.
La idea de un lugar como el infierno, un lugar para los castigados, existe también en otras culturas como ya veremos mas adelante. El infierno, así como el cielo, ha sido estereotipado con las imágenes que da la Biblia sobre este lugar a pesar que algunos opinan que no deberían tomarse literalmente.

La purificación final o purgatorio.

Una vez terminada el juicio particular, este es uno de los “lugares” a los que se puede ir, al purgatorio. A pesar de que en la Biblia no aparece literalmente la palabra purgatorio, en varios pasajes bíblicos se hace referencia a este lugar “como un castigo abreviado” , porque “en el cielo nada entra impuro” . Mientras estén ahí, vivirán penas equivalentes a las del infierno, solo que éstas no serán eternas pues tarde o temprano, todos los que estuvieron en el purgatorio, llegarán al cielo, pues lo que estén en el purgatorio ya están salvados y solo se quedarán en este lugar el tiempo necesario para ser purificados. Este tiempo puede variar, es decir, disminuir, en función de las oraciones que se hagan desde la tierra, por consiguiente es necesario orar por lo muertos ya que la mayoría van a este lugar.
A éste van todos aquellos que han obrado bien y vivido siguiendo las pautas que le da la religión pero que aun así, necesitan purificar su alma. Pues como ya mencioné en la introducción al capítulo, las religiones tienden siempre al perfeccionamiento del hombre.

EL juicio particular

“El Nuevo Testamento habla del juicio principalmente en la perspectiva del encuentro final con Cristo en su segunda venida; pero también asegura reiteradamente la existencia de la retribución inmediata después de la muerte de cada uno con consecuencia de sus obras y de su fe.”
Según el Catecismo de la Iglesia católica, cada persona inmediatamente después de morir, tendrá un juicio particular. En este estaremos en la presencia de Jesucristo y de nuestra vida: nuestras acciones, nuestros pensamientos, nuestras omisiones, etc. El juicio particular, como su nombre lo dice, lo tendrá cada uno en lo personal al morir.
Se nos juzgara por nuestra fe y nuestras obras, pero especialmente por nuestro amor, se dice que es en este juicio en el que se nos hará la pregunta “¿cuánto amaste?”, pues Dios espera que todas nuestras acciones sean hechas con amor.
Como resultado de este juicio, nos mandará al purgatorio, cielo o infierno. Estos dos últimos son eternos e irreversibles, Mientras que el purgatorio es solo temporal.
Existen varias [apreciaciones] [opiniones] [interpretaciones] dentro de la misma iglesia católica sobre el juicio particular. Muchas personas opinan que al morir, uno no tiene ningún juicio particular, sino que quedamos en un estado de [dormición] llamado “muerte paulina” en el que nos quedamos esperando (inconcientemente) resucitar en el juicio final a la segunda venida de Cristo.

La purificación final o Purgatorio

jueves, 18 de junio de 2009
1030 Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo.

1031 La Iglesia llama Purgatorio a esta purificación final de los elegidos que es completamente distinta del castigo de los condenados. La Iglesia ha formulado la doctrina de la fe relativa al Purgatorio sobre todo en los Concilios de Florencia (cf. DS 1304) y de Trento (cf. DS 1820: 1580). La tradición de la Iglesia, haciendo referencia a ciertos textos de la Escritura (por ejemplo 1 Co 3, 15; 1 P 1, 7) habla de un fuego purificador:

Respecto a ciertas faltas ligeras, es necesario creer que, antes del juicio, existe un fuego purificador, según lo que afirma Aquél que es la Verdad, al decir que si alguno ha pronunciado una blasfemia contra el Espíritu Santo, esto no le será perdonado ni en este siglo, ni en el futuro (Mt 12, 31). En esta frase podemos entender que algunas faltas pueden ser perdonadas en este siglo, pero otras en el siglo futuro (San Gregorio Magno, dial. 4, 39).

1032 Esta enseñanza se apoya también en la práctica de la oración por los difuntos, de la que ya habla la Escritura: "Por eso mandó [Judas Macabeo] hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos, para que quedaran liberados del pecado" (2 M 12, 46). Desde los primeros tiempos, la Iglesia ha honrado la memoria de los difuntos y ha ofrecido sufragios en su favor, en particular el sacrificio eucarístico (cf. DS 856), para que, una vez purificados, puedan llegar a la visión beatífica de Dios. La Iglesia también recomienda las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia en favor de los difuntos:

Llevémosles socorros y hagamos su conmemoración. Si los hijos de Job fueron purificados por el sacrificio de su Padre (cf. Jb 1, 5), ¿por qué habríamos de dudar de que nuestras ofrendas por los muertos les lleven un cierto consuelo? No dudemos, pues, en socorrer a los que han partido y en ofrecer nuestras plegarias por ellos (San Juan Crisóstomo, hom. in 1 Cor 41, 5).

TOMADO DE: http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p123a12_sp.html

¿Cómo es la muerte?

La muerte no es el fin de la vida, sino el comienzo de la Verdadera Vida. Para los que mueren en Dios, la muerte es un paso a un sitio/estado mejor ... mucho mejor que aquí. No hay que pensar en la muerte con temor. La muerte no es tropezarnos con un paredón donde se acabó todo. Es más bien el paso a través de esa pared para vislumbrar, ver y vivir algo inimaginable.

Santa Teresa de Jesús decía que esta vida terrena es como pasar una mala noche en una mala posada.

Para San Juan Crisóstomo, "la muerte es el viaje a la eternidad". Para él, la muerte es como la llegada al sitio de destino de un viajero. También hablaba de la muerte como el cambio de una mala posada, un mal cuarto de hotel (esta vida terrena) a una bellísima mansión.

"Mansión" es la palabra que usa el Señor para describirnos nuestro sitio en el Cielo. "En la Casa de mi Padre hay muchas mansiones, y voy allá a prepararles un lugar ... Volveré y los llevaré junto a mí, para que donde yo estoy, estén también ustedes" (Jn. 14, 2-3).

Es en la Liturgia de Difuntos de la Iglesia donde tal vez encontramos mejor y más claramente expresada la visión realista de la muerte. Así reza el Sacerdote Celebrante en el Prefacio de la Misa de Difuntos: La vida de los que en Tí creemos, Señor, no termina, se transforma; y al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el Cielo.

Por eso la muerte no tiene que ser vista como algo desagradable. ¡Es el encuentro definitivo con Dios! Los Santos (santo es todo aquél que hace la Voluntad de Dios, aunque no sea reconocido oficialmente) esperaban la muerte con alegría y la deseaban no como una forma de huir de esta vida, que sería un pecado en vez de una virtud- sino como el momento en que por fin se encontrarían con Dios. "Muero porque no muero" (Sta. Teresa de Jesús).

"Qué dulce es morir si nuestra vida ha sido buena" (San Agustín). San Agustín fue un gran pecador hasta su conversión ya bien adulto. El problema no es la muerte en sí misma, sino la forma como vivamos esta vida. Por eso no importa el tipo de muerte o el momento de la muerte, sino el estado del alma en el momento de la muerte.

TOMADO DE: http://www.homilia.org/inmortalidad/2muerte-juicio2.htm

Juicio particular y final

1. ¿Qué es el juicio particular? Inmediatamente después de la muerte tiene lugar el juicio particular, donde cada alma recibe el premio o castigo que sus obras merecen. Y se dirige al cielo o al infierno. O tal vez al purgatorio por un tiempo.

2. ¿De qué se nos juzgará? Dios nuestro Señor nos juzgará sobre:
Las cosas buenas que hemos hecho, incluidos los buenos deseos.
Las cosas buenas que hemos dejado de hacer (omisiones).
Las cosas malas que hayamos hecho, incluidos los malos pensamientos.
Las consecuencias de nuestros actos.

3. ¿Cuál será el criterio de medición? En su juicio, el Señor con su sabiduría infinita medirá nuestras acciones según se adaptaron a la voluntad divina, teniendo en cuenta los dones que cada uno ha recibido.

4. ¿Cómo será el juicio particular? Sobre esto se sabe muy poco. Puede ser algo así: tras la muerte, el alma aún no ve a Dios, pero se encuentra con la majestad divina, su amor, justicia y misericordia. Entonces hay tres reacciones posibles:
Si alguien muere sin haberse arrepentido de sus pecados graves, es incapaz de aceptar el amor divino y queda condenado al infierno para siempre.
Cuando uno muere en gracia, pero sin haber hecho la penitencia que sus pecados reclamaban, siente la llamada del amor divino y la acepta para siempre, pero ve la necesidad de purificarse antes de poder ver a Dios, y se dirige temporalmente al purgatorio. Esto sucede con la mayoría de la gente.
Algunas personas muy santas son llevadas directamente a la visión de Dios para siempre.

5. ¿Qué es el juicio final? Al llegar el fin del mundo, los cuerpos resucitarán (resurrección) unidos a sus almas para recibir conjuntamente el mismo premio o castigo que ya el alma había asumido.

6. ¿Por qué conviene que haya un juicio final?; ¿no basta con el particular? La sentencia es la misma, pero conviene un juicio final para que las sentencias sean públicas, se aprecie la justicia divina, y aumente la gloria de Dios.

7. ¿En el juicio final se sabrá todo? En el juicio final saldrán a la luz pública las obras buenas y malas de cada persona con sus consecuencias. Incluidas las omisiones u obras buenas que se dejaron de hacer.

TOMADO DE: http://www.ideasrapidas.org/juicio.htm

El juicio particular y el juicio final

lunes, 15 de junio de 2009
El Juicio particular y el Juicio final
Significado que tiene decir: "El fín del mundo", el "Juicio particular" y el "Juicio final".


El Juicio particular y el Juicio final


Todos hemos deseado en algunos momentos de nuestra vida, ser jueces de los demás. Opinamos con facilidad acerca de su vida juzgando si hicieron bien o mal. Sin embargo, nos cuesta trabajo pensar que nosotros también vamos a ser juzgados al final de nuestra vida y que nuestros actos, por más secretos que hayan sido, van a trascender más allá del momento en el que los hicimos.

¿Qué sucede con el alma después de la muerte?

Los cristianos encontramos en el Evangelio algunos pasajes que nos hablan acerca del destino del alma. Específicamente, en la parábola del pobre Lázaro (Lucas 16, 22) y en las palabras que Cristo dirige al buen ladrón, crucificado junto a Él (Lucas 23, 43).

Al morir, nuestra alma se separará de nuestro cuerpo. Se presentará ante Dios para recibir, de acuerdo con lo que nosotros mismos hayamos elegido en la vida terrena, la recompensa o el castigo eterno.

El Juicio Particular

Al morir, tendremos un Juicio Particular. En este juicio nos encontraremos ante Jesucristo y ante nuestra vida: todos nuestros actos, palabras, pensamientos y omisiones quedarán al descubierto.

Suena dramático, pero es real. Si nos encontramos en gracia de Dios, nuestra eternidad feliz empezará en ese momento. Si morimos en una actitud de rechazo total y voluntario a Dios, en pecado mortal, entonces empezará para nosotros el castigo eterno, el infierno.

El Catecismo de la Iglesia Católica nos habla de la “retribución inmediata después de la muerte de cada uno como consecuencia de sus obras y de su fe” (n. 1021). El destino del alma será diferente para cada uno de nosotros, de acuerdo a cómo hayamos utilizado nuestro tiempo de vida en la Tierra.

Hay muchas personas que dicen: “Yo me voy a salvar, pues nunca he hecho el mal a nadie”. Hay que tener cuidado, pues ese día no se nos juzgará sólo por el mal que no hayamos hecho, sino también por el bien que hayamos dejado de hacer. Debemos preocuparnos no sólo por evitar hacer el mal, sino por hacer el bien a todo el que nos rodea. Si no hacemos el bien a los demás, llegaremos al juicio con las manos vacías y “no aprobaremos el examen”.

El Juicio Particular, como su nombre lo dice, será para cada uno de nosotros en lo personal. En éste, Dios nos preguntará: “¿Cuánto amaste?” Y cada uno de nosotros tendrá que responder a esta pregunta. Dios espera que cada uno de nuestros actos sea hecho por amor .

San Juan de la Cruz tiene una frase que dice: “Al atardecer de la vida, seremos examinados en el amor”.


El Juicio Final

El Juicio Final lo tendremos al final de los tiempos, cuando Jesús vuelva a venir glorioso a la Tierra. En él, todos los hombres seremos juzgados de acuerdo a nuestra fe y a nuestras obras.

La resurrección de todos los muertos, “de los justos y de los pecadores”, precederá al Juicio Final. Los que hayan hecho el bien resucitarán para la vida, y los que hayan hecho el mal, para la condenación (Juan 5, 28-29).

En la Biblia podemos leer cómo será este juicio en Mateo 25, 31.32.46: Lo que sucederá ese día, de acuerdo con la narración de Jesucristo, será como un examen de aquello que nos caracteriza como personas humanas: nuestra capacidad de amar.

En ese día saldrán a la luz todas nuestras acciones y se verá el amor hacia los demás que pusimos en cada una de ellas.

Este amor será el que nos juzgará:

"Venid benditos de mi Padre… porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber…"

"Id malditos al fuego eterno… porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber…"

El Catecismo de la Iglesia Católica nos dice: “El Juicio Final revelará hasta sus últimas consecuencias lo que cada uno haya hecho de bien o haya dejado de hacer durante su vida terrena” (n. 1039).

El juicio final es la prueba de que Dios es infinitamente justo y ha dispuesto todo con sabiduría para que la verdad se conozca y se aplique la justicia en cada hombre con el destino eterno que él mismo se haya merecido.

Algunas personas piensan que no hay que preocuparse por eso de los juicios, pues creen que Dios va a salvar a todos los hombres al final de los tiempos porque es infinitamente bueno y nos ama.

Es verdad que Dios es muy bueno, pero también es muy justo y respeta nuestra libertad. Cuando nosotros estamos en pecado mortal, libremente le hemos dicho a Dios que “no nos interesa salvarnos”. Si morimos en este estado, Dios respetará nuestra decisión. El hombre, con su libertad, alcanza la recompensa o el castigo eterno.

Frente a Cristo se conocerá la verdad de la relación de cada hombre con Dios.
El Juicio Final revelará que la justicia de Dios triunfa sobre todas las injusticias cometidas por sus criaturas y que su amor es más fuerte que la muerte.

Reflexionar tanto en el Juicio Particular como en el Juicio Final nos recuerda que mientras tengamos vida, tenemos oportunidad de alcanzar nuestra salvación. Cada día nos ofrece la posibilidad de amar a Dios y a los que nos rodean, de perdonar a los que nos ofenden, de vivir cristianamente.


¿Cuándo será el juicio final?

El mismo Jesucristo nos aclaró que ni siquiera Él conoce el día ni la hora en que se llevará a cabo este acontecimiento, sino sólo Dios Padre. Así que no debemos dejarnos engañar por personas que pretenden conocer la fecha del fin del mundo. No debemos preocuparnos por intentar conocer esa fecha, sino sólo por estar siempre bien preparados, pues no sabemos en qué momento sucederá.

Para profundizar, puedes leer el Catecismo de la Iglesia Católica núm. 668 - 682, 1021-1023, 1038-1042, 2831



TOMADO DE: http://es.catholic.net/conocetufe/424/903/articulo.php?id=1574

El infierno griego y cristiano

jueves, 11 de junio de 2009
Infierno griego.
El infierno griego (Hades) es un lugar de tinieblas donde habitan los muertos. Estaba situado en el centro de la Tierra, limitaba con corrientes de agua y estaba rodeado por el océano.
Cuando alguien moría Hermes se llevaba al fallecido hasta las aguas, que cruzaban en la barca de Caronte, quien exigía un pago por sus servicios (era una moneda que los familiares ponían debajo de la lengua del difunto).
El Hades se dividía en tres partes: Los buenos, que recibían recompensa; los que no eran buenos, que recibían castigos y los que no recibían ni castigos ni recompensas. Esta separación es el origen de la tripartición cristiana de: cielo, infierno y purgatorio.
Los griegos no tenían la idea de maldad, sino de vergüenza por los actos que cometían, y por esta razón el Hades no es un lugar de sufrimiento eterno.
El infierno griego recibió este nombre por el dios de los muertos, Hades.
Muchas veces confundimos a Hades como un dios malo ya que es el dios de los muertos y lo identificamos con el demonio cristiano, pero Hades en la representación griega no era malo.



Infierno cristiano.
El infierno cristiano y el infierno judío son parecidos. La idea de condenación eterna es judeo-cristiana.
Para los cristianos el infierno es el lugar específico donde son castigadas las faltas o pecados de los hombres. Representa el triunfo de la justicia divina, es el lugar donde los pecadores sufren un continuo tormento por sus faltas y arden en un fuego eterno que nunca se consume. El infierno se considera como un horno ardiente.
Para los cristianos medievales el infierno es el reino de Satanás donde los cuerpos de los condenados son torturados durante toda la eternidad. Durante el renacimiento se suponía que la entrada al infierno estaba custodiada por el perro de tres cabezas de la mitología griega Cerbero. Los cristianos al contrario que los griegos sí que tienen la idea de maldad, y esta es la razón por la cuál el infierno representa para ellos un lugar de sufrimiento y dolor.
El infierno cristiano está custodiado por el demonio, este es un espíritu malvado que se encarga de castigar las almas durante toda la eternidad.

TOMADO DE: http://sogradargos.blogspot.com/2007/12/infierno-griego-y-cristiano.html